¡AY...QUÉ TIEMPOS AQUELLOS!


¡AY...QUÉ TIEMPOS AQUELLOS!

Es la revelación de la Palabra escrita lo que te mantiene en el “Aquí y Ahora” de Dios. Sin el río de la palabra revelada fluyendo desde una relación ininterrumpida con el Señor, una congregación correrá el peligro de quedar atrapada en la tradición. Los cultos serán una repetición de lo que se sabe. Poco a poco se convierten en reuniones recicladas donde todo es predecible. El propósito de toda predicación tendrá la misión de defender lo que ya se tiene y a rechazar todo lo que no se parece a lo que ya se sabe. De esa manera, la Presencia de Dios termina siendo un eco de lo que un día tuvo poder y manifestación. Un lejano recuerdo de tiempos pasados relatados a una nueva generación que los debe escuchar sin sentirse retados a repetir la gloria de la cual le hablan. Escuche a un Pastor que sólo habla de lo que Dios hizo en el Pasado, y estará escuchando a alguien que no tiene la menor idea de lo que Dios está haciendo en el presente. Una congregación así, esta condenada a extinguirse tan pronto mueran los que se quedan atrapados en las ligaduras almáticas que las relaciones forman. El Espiritu Santo no tiene compromiso con los sentimientos de nadie, como paralizarse en el mismo lugar que escogieron para detenerse, los que un día representaron su mover. Rubén Arroyo...Aquí...y Ahora



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