“LLORÉ COMO UN NIÑO PEQUEÑO CUANDO LO RECIBÍ EN MIS BRAZOS” - Apóstol Rafael Mojica


“LLORÉ COMO UN NIÑO PEQUEÑO CUANDO LO RECIBÍ EN MIS BRAZOS” - Apóstol Rafael Mojica


Eso dijo, para inmediatamente abrir sus páginas en abanico como quien sabe que cada página tiene una historia, reserva una lágrima y destila vino de uvas molidas en cruentos procesos, hornos de aflicción y celebración de favor y honra.


Su primer libro. El parto de decenas de revelaciones llenas de experiencia, fruto y consecuencia. Lo sé no sólo porque es un íntimo amigo, sino porque me concedió el honor de escribir el prólogo y saborear la primicia de una letra que construye desde adentro.


¡PADRE MÍO!…ESE ES EL TÍTULO.


Y escucho el grito de Eliseo mientras el Manto cae. La voz de Sara a Abraham en honroso reconocimiento. Al David perseguido hacia un Saúl asesino. Y la voz tronante del Padre iniciando un cambio en la historia de la humanidad con su Hijo saliendo de las aguas del Jordán.


Escucho la voz de Pablo a Timoteo y sus enseñanzas a los bipolares de la Iglesia en Corinto. Puedo ver a Bernabé protegiendo al antiguo Saulo y luego abrazando a Juan Marcos en prisión.